Tu idioma: EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish

La Vuelta al Cole

Posteado por

La necesidad de formación continua.

Todos los días aparecen noticias sobre la importancia y esfuerzo que realizan los gobiernos en I+D+I (Investigación, desarrollo e innovación), y sobre los planes de formación continua obligatorios, y también voluntarios, disponibles para los trabajadores y desempleados. El objetivo es que la sociedad actualice sus conocimientos y esté preparada para afrontar los continuos y rápidos cambios que se producen en una economía global como la actual.

En el texto que se puede leer a continuación,  Marcos Veiga nos explica como ha evolucionado nuestro sector en aspectos formativos, cual es la situación actual y las “deficiencias” del sistema que no llega a exigir el mismo nivel de compromiso a todos los profesionales.
Licencia:   Creative Commons

Os dejo con una tarea que no debería de ser solo cosa de los escolares:

 

 

 

 



 

La vuelta al cole.

Con la llegada de los meses estivales y el cierre de gran parte de nuestras empresas, somos muchos los que aprovechamos esta temporada de “relax” para ponernos al día acudiendo de nuevo al cole  y cumplir así con nuestras obligaciones académicas, como si no hubiéramos hecho lo suficiente durante todo el año y aún nos viéramos en la necesidad de recuperar las asignaturas suspensas.
En cualquier sector laboral la formación es fundamental para el buen desarrollo de la actividad profesional, está claro que un trabajador bien formado desempeñará sus labores con más garantías de seguridad y eficiencia que uno que carezca de la debida instrucción. No en vano desde hace unos años se vienen imponiendo certificados de profesionalidad y cursos de formación obligatoria en los distintos sectores, que implican la debida formación técnica requerida para poder ejercer ciertas profesiones con un mínimo de garantías.
El sector del transporte por carretera no es ajeno a esta imposición, ni lo ha sido nunca, solo que parece que últimamente se nos acumula más el trabajo en las aulas que en las carreteras. Recuerdo con mucho cariño aquellos años de principiante (aunque ya fuera una práctica en declive) en los que devorábamos las páginas de novelas del manchego Marcial Lafuente Estefanía en las “horas muertas”, ya fuera por un despacho de aduana o simplemente en espera de un retorno. Además de distraernos divagando por escenarios del viejo oeste americano, pegando tiros o robándole el corazoncito a la hija del Sheriff, nos curtíamos en el arte de la lectura y rendíamos la debida pleitesía con nuestros compañeros intercambiando los ejemplares ya leídos con otros colegas. Los tiempos han cambiado, el papel se ha sustituido en gran medida por pantallas táctiles y los pocos volúmenes que llevamos a bordo se reducen a manuales de lectura obligatoria en nuestros quehaceres cotidianos como el CAP, el ADR o el catecismo de mi buen amigo RMVTRANS. Y no es solamente que los gustos hayan cambiado, si no que ha sido la propia profesión ha que ha cambiado y lo ha hecho en parte debido a las exigencias formativas exigidas a los profesionales que forman parte de ella. El conductor profesional ha venido siempre a ser el último eslabón de la cadena, sujeto a las voluntades del jefe, del cargador, del destinatario, del tráfico…y de las administraciones públicas, pero prueba de que ser la última pieza del puzzle no implica ser la menos importante es la ingente cantidad de formación obligatoria que se nos impone mientras que a otros simplemente se les supone.

Licencia:   Creative Commons

 

Como rezaba en las consideraciones preliminares de aquella directiva 2003/59/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de julio del 2003 por la que se imponía en toda la Unión Europea una formación tanto inicial como continua obligatoria, a  fin de que los conductores puedan responder a las nuevas exigencias originadas por la evolución del mercado de los transportes por carretera…”.  Pues bien, para responder a estas exigencias del mercado las administraciones públicas velan por que los conductores profesionales cumplan, en primer lugar con el requisito de estar en posesión de un permiso de conducir, con sus exámenes correspondientes realizados por la administración correspondiente y con la obligación de renovarlo cada cinco años. Además de esto, si queremos ejercer profesionalmente, habremos de pasar por una formación profesional inicial y la consiguiente renovación de conocimientos obligatoria cada cinco años que nos otorgue el susodicho certificado de aptitud profesional CAP. Si además nos dedicamos al transporte de mercancías peligrosas ya sabemos que cada cinco años tenemos que aprobar el correspondiente examen de renovación, además, claro está, de renovar la tarjeta del tacógrafo…El resultado de todo ello es que en un plazo de tiempo inferior a los cinco años cada conductor profesional se ve en la obligación de pasar, además de los necesarios reconocimientos médicos, de los trámites burocráticos asociados y del importante desembolso económico, por una formación académica obligatoria y todo ello estrechamente vigilado por la autoridad competente.
Obviamente la formación es fundamental, ya lo hemos dicho, pero es fundamental para todos y no solamente para una parte del grueso del sector. Al menos tanto el gestor de transporte de la empresa como el consejero de seguridad (si lo hay) han pasado por unos exámenes oficiales por los que se les ha otorgado la titulación obligatoria para poder ejercer en todo el territorio de La Unión, pero de ellos solamente el consejero de seguridad, responsable de la seguridad del transporte de mercancías peligrosas, se ve en la obligación de aprobar un nuevo examen oficial de forma periódica, mientras que el resto del “cuerpo diplomático” se encuentra exonerado de tales obligaciones. No son casos aislados aquellos en los que un jefe de tráfico se ve en la necesidad de consultar dudas con respecto a las horas de conducción y descanso con los conductores que tiene a su cargo, ya no digo nada de otros aspectos relacionados directamente con las máquinas que se intenta hacer rentables. En muchas ocasiones el gestor de transporte coincide con el responsable de tráfico, en otras no, y a pesar de que el primero es abanderado de una titulación oficial, nadie desde ningún estamento público competente ve la necesidad de que los responsables administrativos de las empresas de transporte pasen por otra formación académica distinta de la pasantía a la que se ven sujetos diariamente, como si el saber y el reciclaje periódico del conocimiento de la normativa nacional o internacional a la que se ve sometido el transporte solamente fuera responsabilidad de quienes nos vigilan y nos sancionan en vez de ser compartida con aquellos que forman parte de este sector…y así nos va de bien. 

Suscríbete gratuitamente  al blog y no te pierdas los artículos de Marcos Veiga y nuevos contenidos del blog.

 

Pero es que el descalabro normativo no se queda aquí, aún nos queda una vuelta más de tuerca para darnos cuenta de hacia donde se dirigen las prioridades formativas de este sector y donde se encuentran las lagunas. Si de los anteriormente nombrados, solamente los conductores y los consejeros de seguridad se ven en la obligación de pasar periódicamente por el estudio de manuales y textos en las aulas, más triste es, si cabe, que el propio profesorado se vea exento, no ya de una formación periódica, si no además de la debida acreditación de sus conocimientos mediante una evaluación realizada por una autoridad competente. El profesorado de CAP, a diferencia de los profesores de formación vial que han pasado por varias convocatorias de cursos y exámenes oficiales muy duros,  solamente debe aceditar haber pasado una formación obligatoria en función de las especialidades que pretenda enseñar, y tristemente haber pasado esta formación no implica el conocimiento, en muchos casos flagrante, de la normativa. Quien escribe estas líneas tiene la titulación de formador CAP en dos especialidades, titulaciones avaladas por una universidad nacional tras superar los debidos cursos y aprobar las correspondientes evaluaciones y exámenes finales…pero nada más. La autoridad que evalúa los centros, los contenidos de los cursos y los exámenes de CAP, la misma autoridad que evalúa las pruebas y convoca los exámenes para los consejeros de seguridad y los gestores de transporte no sabe si yo, como profesor de CAP tengo los conocimientos mínimos, ni siquiera me obliga a realizar una formación oficial periódicamente para refrescar o reciclar esos conocimientos como lo hace con los conductores a los que se supone que tengo que formar.
Licencia:  Creative Commons

 

Esta falta de conocimientos, sobre todo en los temas más concretos y delicados como aquellos relacionados con el tacógrafo o con los tránsitos internacionales, lleva a una desinformación o a una deformación de la realidad normativa que es transmitida a los alumnos, esos mismos alumnos que después se ven en la necesidad de consultar en foros profesionales, o bien porque no han entendido nada o peor aún, porque se lo han explicado mal.

 

Está claro que nadie está en posesión de la verdad absoluta ni tampoco nadie lo sabe todo, pero lo que no es de recibo es que mientras a unos se les exija tanto, a otros, incluidos aquellos que tienen la responsabilidad de formar profesionalmente a los primeros, no se les exija nada. Así nos va. 

Con la colaboración de  Marcos Veiga

Facebook de Marcos Veiga

Entradas Relacionadas

Loading…
Top

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Política de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra Política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Compartir
Compartir